11 de Septiembre de la diplomacia

 

 

 

 

 

 

Sin amedrentarse, el sitio WikiLeaks produjo ayer la mayor revelación de documentos diplomáticos en la historia de Estados Unidos, en lo que constituye una contundente constatación de cómo Washington ve al resto del mundo. La filtración, adelantada a varios diarios del mundo, provocó una fuerte conmoción mundial y podría acarrearle problemas al gobierno norteamericano en el futuro inmediato, aun con sus aliados más cercanos.
En lo que concierne a la Argentina, entre los más de 250.000 documentos revelados figuran expresiones de “desconfianza” de Washington hacia el gobierno de Cristina Kirchner.
Ese sentimiento alcanzó tal extremo que el Departamento de Estado llegó a pedir información sobre la “salud mental” de la Presidenta.
Pero las revelaciones van mucho más lejos. Hay cables firmados por Clinton en los que se dan instrucciones a sus diplomáticos en las Naciones Unidas para que “espíen” a sus colegas, entre ellos, al secretario general del organismo, Ban Ki-moon, y, al igual que a él, a todos los embajadores de los países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
“Recopilen información sobre sus gastos con tarjeta de crédito y horarios de trabajo”, dice una de las instrucciones. Otra, referida especialmente a figuras de América latina, pide descripciones sobre comportamientos personales.
Los documentos describen sin piedad a líderes mundiales a los que luego Barack Obama y Hillary Clinton saludan con reverencia. Se sabe que la secretaria de Estado pasó parte el fin de semana al teléfono hablando con pares y jefes de Estado de todo el mundo en un intento de atenuar el golpe de la revelación.
Los documentos hablan de las “fiestas salvajes” del italiano Silvio Berlusconi y llaman “la dama de teflón” a la alemana Angela Merkel. De paso, afirman que la canciller alemana “rara vez es creativa”.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, recibió el calificativo de “emperador desnudo”, mientras que su par iraní, Mahmoud Ahmadinejad, fue calificado como “Hitler”, al tiempo que en algunos documentos, al igual que en el caso de Cristina Kirchner, se pone en duda su equilibrio mental.
Del libio Muammar Kadhafy se describen su debilidad por el Botox y por las “rubiecitas procaces como enfermeras”, mientras que del presidente afgano, Hamid Karzai, se destaca una conducta “signada por la paranoia”.
Se suma también la insólita oferta al presidente de Eslovenia de acceder a una entrevista con Obama a cambio de recibir en su territorio a uno de los detenidos en Guantánamo acusados de terrorismo.
No menos sangrantes son las revelaciones sobre las grandes tensiones internacionales en las que Washington participa. Entre ellas, que el rey Abdullah, de Arabia Saudita, llamó a Estados Unidos a “atacar a Irán” para poner fin a su programa nuclear. También el gobierno de Israel queda alcanzado por el tema Irán al revelarse que, en diciembre del año pasado, urgió a Washington a “ponerse firme”, convencido de que su estrategia de mano extendida “no funcionaría” con Teherán.
En su primera reacción, apenas dos horas después de conocida la filtración, la Casa Blanca condenó como “desconsideradas” y “peligrosas” las revelaciones.
Lo curioso es que en esa misma intervención intentó suavizar lo ocurrido al afirmar que, en muchos casos, los documentos muestran “intercambios francos” entre funcionarios de la estructura diplomática y que “no siempre” reflejan “la expresión de una política ni de decisiones definitivas”, según el vocero presidencial Robert Gibbs.
Sin embargo, fuentes de la Casa Blanca admitieron “temor” por las reacciones que podrían producirse. Londres fue en el mismo sentido cuando voceros del gobierno de David Cameron afirmaron que las revelaciones ponen vidas en riesgo, a la vez que admitió inquietud por posibles reacciones en el mundo musulmán. También el Pentágono se sumó a las críticas y condenó la divulgación de documentos reservados “obtenidos ilegalmente”. Además, afirmó que había tomado medidas para evitar que vuelva a suceder.
“Asistimos a una revelación altamente imprudente de informaciones clasificadas obtenidas de forma ilegal”, insistió el Pentágono. Hasta ayer, sin embargo, el que permanecía en silencio era el Departamento de Estado, principal involucrado en todas las revelaciones.
Trabajo de contención
Aun con su contundencia, se sabía que el golpe estaba cerca. Hacía días que la página fundada por el australiano Julian Assange venía anunciando que tenía documentos explosivos. A tal extremo que, en un desesperado intento de atenuar su impacto, el Departamento de Estado puso sobreaviso a varios gobiernos. Entre ellos figuran aliados estratégicos, como Australia, Gran Bretaña, Canadá, Israel y Turquía.
Clinton se comunicó personalmente con las autoridades de Francia, Afganistán, Gran Bretaña y China.
La magnitud del daño a la diplomacia quedó en evidencia cuando el canciller italiano, Franco Frattini, calificó ayer la difusión de los documentos secretos como “el 11 de Septiembre de la diplomacia”.
Los cables y documentos fueron facilitados por WikiLeaks a varios medios: El País, T he Guardian, The New York Times, Le Monde y Der Spiegel.
En un esfuerzo coordinado, cada uno de ellos trabajó por separado en la evaluación y selección del material y lo dio a conocer al mismo tiempo, ayer por la tarde, en sus sitios. En todos los casos prometieron más revelaciones en los próximos días.
En rigor, fue a través de ellos que se conoció buena parte del material, ya que WikiLeaks estuvo ayer inaccesible, al parecer, a causa de un ataque cibernético.
“Lo que estamos mostrando concierne a todos los grandes asuntos de cada país del mundo”, dijo Assange durante una videoconferencia con periodistas reunidos en Jordania. El fundador de WikiLeaks, cuyo paradero es un misterio, “desapareció” el 18 de noviembre, cuando Suecia emitió una orden de arresto internacional por estupro y abuso sexual.
Esta es la tercera gran revelación de WikiLeaks, que ya publicó más de 70.000 documentos militares confidenciales de Estados Unidos sobre la guerra en Afganistán en junio pasado, y más de 400.000 sobre Irak en octubre, dos revelaciones que indignaron al Pentágono.
Ahora se sabe también que, horas antes de la nueva filtración, Washington rechazó “cualquier negociación” con WikiLeaks respecto de la anunciada divulgación de documentos confidenciales.
La publicación de los documentos, en parte confidenciales y en parte secretos, “pone en peligro en todo el mundo a líderes opositores y críticos de regímenes autoritarios que están en contacto con diplomáticos estadounidenses”, afirmó un vocero de Obama. Con las revelaciones, WikiLeaks puso en riesgo la vida y el trabajo de activistas, que en todo el mundo luchan por la defensa de los derechos humanos, añadió.
“El presidente Obama apoya una forma de gobernar responsable, confiable y abierta en Estados Unidos y en todo el mundo, pero este proceder desconsiderado y peligroso se contrapone a esas metas”, dijo Gibbs.
Forma parte de la naturaleza de la actividad que los informes de los embajadores muchas veces sean francos y de contenido incompleto, sostuvo Gibbs. “No es ni una expresión de la política ni se trata siempre de decisiones políticas definitivas.”

Fuente: La Nación

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